A medida que envejecemos, nuestras necesidades nutricionales cambian. Una alimentación adecuada no solo influye en la energía y el funcionamiento del cuerpo, sino que se convierte en una herramienta preventiva fundamental para conservar la salud física, cognitiva y emocional.
Cambios nutricionales en la tercera edad
Con el paso de los años, el metabolismo se ralentiza, el sentido del gusto puede disminuir, la digestión se vuelve más delicada y las necesidades calóricas se reducen, aunque las necesidades de nutrientes esenciales permanecen altas o incluso aumentan.
Por ello, es frecuente que las personas mayores presenten déficits en vitaminas, minerales o proteínas, que si no se corrigen pueden derivar en fatiga, pérdida de masa muscular, deterioro cognitivo o mayor riesgo de caídas e infecciones.
Pilares de una alimentación saludable en mayores
Proponemos una serie de pautas generales que pueden servir de base para una dieta equilibrada y saludable en personas mayores:
- Hidratación constante, incluso cuando no haya sensación de sed.
- Consumo suficiente de proteínas (huevos, pescado, legumbres, carnes blancas) para preservar la masa muscular.
- Frutas y verduras frescas a diario, por su aporte de vitaminas y fibra.
- Grasas saludables, como aceite de oliva virgen extra o frutos secos.
- Reducción de azúcares, sal y alimentos ultraprocesados, que pueden afectar negativamente al sistema cardiovascular y cognitivo.
- Fraccionar las comidas en cinco tomas al día, con porciones adaptadas al apetito.
- Alimentos fáciles de masticar y digerir, en caso de dificultades bucodentales o gástricas.
Isabel, hija de una usuaria de Vera Contigo, comparte su experiencia: “Antes mi madre comía lo justo y sin apetito. Con ayuda de su cuidadora, adaptamos los menús a lo que le gusta y tolera bien. Ahora come con más ganas, y se encuentra mucho mejor”.
Nutrición, independencia y disfrute
Comer no es solo una necesidad biológica: también es una fuente de placer, un acto social y una expresión de autonomía. En la tercera edad, conservar el gusto por la comida, la capacidad de decidir qué se come y la posibilidad de compartir ese momento con otros tiene un gran valor emocional.
Por eso, hay que prestar atención tanto a los aspectos técnicos de la nutrición como al contexto: se adapta la dieta a los gustos de la persona, se fomenta la participación en la preparación de algunos platos, y se valoran las costumbres alimentarias y afectivas. ¿Qué cuestiones conviene tener en cuenta?
- Evaluación del estado nutricional por parte de profesionales sociosanitarios.
- Asesoramiento dietético personalizado.
- Elaboración de menús semanales adaptados a patologías específicas (diabetes, hipertensión, problemas gástricos, etc.).
- Coordinación con el médico o nutricionista si fuera necesario.
- Supervisión del cumplimiento del plan alimentario por parte del cuidador.
Con ello se logrará mejorar notablemente la digestión y control de la salud de las personas mayores.